¿Con Qué Frecuencia Se Reemplaza Un Colchón Para Un Descanso De Calidad?

Una rutina de sueño sana y reparadora está basada en un elemento clave: el buen estado de tu colchón. Son muchos los motivos que pueden desmejorar sus condiciones originales, sin embargo, hay ciertos aspectos que te permitirán reconocer cuándo es el momento justo para deshacerte de él. ¡No lo pienses dos veces! Debes cambiarlo si:




Tu colchón tiene entre 7 y 10 años

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Con el uso frecuente nuestro colchón tiende a deformarse, es propenso a mancharse, adquirir malos olores entre otras consecuencias propias del paso del tiempo. Esto ocurre irremediablemente, sin darte cuenta, aunque seas una persona cuidadosa.

Y es que a pesar de la buena calidad de los materiales empleados para su fabricación y el trato que se le dé, es a partir de los 7 o 10 años cuando se hace evidente la necesidad de reemplazo. Obviamente que esto puede variar entre cada marca y presentación, pero se considera que a los 8 años el colchón ha alcanzado su tope máximo de vida útil.

La mayoría de los colchones vienen con una garantía al momento de comprarlos, que cubren defectos evidentes como el hundimiento, y que está basada en la normativa europea UNE-EN 1957:2013 sobre métodos de ensayo para la determinación de las características funcionales y criterios de evaluación de la tolerancia en medida de productos de descanso, mobiliario, cama y colchones.

Muelles o resortes que sobresalen, costuras defectuosas y bordes mal sellados también pueden ser causales de recambio, más no los bultos o problemas de comodidad. Las manchas, la elección de una base inadecuada para colocarlo así como la remoción de la etiqueta del fabricante anulan inmediatamente la posibilidad de aprovechar la garantía para sustituir tu colchón.

 

El colchón está hundido

¿Sientes que tu cuerpo se hunde en ciertas zonas del colchón? Este es un desgaste común que se evidencia al pasar los años y afecta tanto al centro como a las áreas laterales. Si duermes en pareja, es posible que ambos coincidan hacia el punto central chocando uno contra el otro, una situación incómoda que resta horas de sueño profundo.

Lo que ocurre es que la estructura interna que da forma y soporte a toda la superficie ha empezado a colapsar, por debilitación de los muelles y bloques de látex. La acumulación de nuestro peso corporal se concentra hacia la zona media del colchón, no así con la parte superior e inferior en donde reposa nuestra cabeza y pies, lo que ocasiona un mayor hundimiento justo en la mitad.

Los laterales también se hundirán, más si acostumbramos a sentarnos en los bordes o si elegimos ese espacio “como nuestro lugar favorito” para dormir. Aquellas personas que ubican el colchón con un lateral hacia la pared tienden a descansar apoyados sobre la misma, desgastando rápidamente la firmeza. Notarás que un lado está más hundido que el otro.

Hay presentaciones reforzadas en los bordes y el centro, que distribuyen mejor las cargas para permitir una superficie estable por más tiempo, pero estos a la larga no escapan de los daños propios del uso continuo, signo que te hará considerar su reemplazo.

 

Tu columna vertebral no está alineada cuando duermes

Mientras duermes, tu organismo aprovecha para repotenciarse y descansar de las actividades diarias. La columna vertebral, siendo uno de los principales mecanismos de contención y soporte del cuerpo también aprovecha estas horas de relajación para recuperarse del esfuerzo que constituye el soporte del peso de la persona. Es por esto que es imprescindible contar con un buen colchón que permita lograr este objetivo.

Los sistemas ergonómicos ayudan a que los discos invertebrales recuperen su forma natural mientras reposamos. Las posturas inapropiadas que se producen por un colchón en mal estado, así como los desniveles generados por los hundimientos en su superficie, traen como resultado una desalineación vertebral.

Si en las mañanas despiertas con fuertes dolores de espalda y cuello, deberías revisar las condiciones de tu cama. Actualmente podemos encontrar el colchón de espuma con memoria, con una superficie vicoelástica que además de garantizar confort, se adapta a la forma de tu cuerpo para relajar cada zona armoniosamente. Esto le da a tu columna la libertad de mantener su curvatura original, al no existir hundimientos exagerados o bultos en la cama.

 

Tu colchón es incómodo

Nada más placentero que esa sensación de relajación y disfrute matutino que nos prepara a afrontar cada día. Si en definitiva no te sientes a gusto al dormir o sufres de espacios de sueño interrumpido en la noche producto de la incomodidad, debes deshacerte de ese colchón.

Las consecuencias de su mal estado, además de incidir negativamente en tu salud, repercuten en tu rendimiento laboral y ánimo en general. Una revisión continua ante cualquier alteración de la integridad de tu colchón, dándole vuelta en intervalos de 3 a 6 meses te ayudará a conservar su firmeza. Si esto último deja de funcionar, prepárate para encontrarle sustituto.

 

Te despiertas rígido y adolorido

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Ni un colchón hundido o uno de superficie dura son buenos. En ambos casos el resultado será igual: despertar con la sensación de haber escapado de una pelea en donde no has salido victorioso. Si por el contrario consideras que no existen problemas evidentes en su estado, también puedes evaluar otras posibilidades como lo son las almohadas.

Estas no escapan del desgaste, algunas son muy gruesas, otras muy delgadas, lo que afecta a la elevación óptima en la posición de nuestra cabeza mientras dormimos. Esa variación de altura hace que la estructura ósea permanezca en tensión, traduciéndose en una notable aparición de dolor matutino.

Por último, cabe echar un vistazo a la base. Aunque no lo creas, una mala combinación entre el soporte y el colchón seleccionado hacen que este rinda menos, lo que te llevaría a una encrucijada: ¿cambiar el colchón o comprar una nueva cama? Esperamos que no sea tan drástica tu situación, pero de ser así recuerda que toda modificación en pro de tu salud bien vale la pena.

 

Empeoramiento de alergias o asma

Los colchones pueden albergar gran cantidad de ácaros del polvo que generan alergias. De igual forma, afecciones como el asma y la apnea obstructiva del sueño que se manifiesta a través de los ronquidos pueden agudizarse. Si bien es casi imposible eliminar los ácaros por completo, podemos reducirlos considerablemente empleando una aspiradora sobre toda la superficie y base.

Cambia con regularidad las sábanas, fundas de almohadas y edredones. Un colchón que ha alcanzado el límite en vida útil, debe ser reemplazado para evitar problemas de salud.

 

Has ganado o has perdido peso (o has añadido un compañero de cama)

Las modificaciones del peso soportado por los colchones afectan su forma original. No te extrañe que mayores incomodidades se presenten desde que ganaste esos kilos de más. Estos componentes para el descanso están diseñados para sobrellevar un peso máximo según el modelo que sea.

Una cama compartida con tu pareja tiende a desgastarse mucho más rápido, debido a la distribución de los pesos de ambos. ¡Y ni habla de los peques!  Para ellos,  este suele ser su trampolín de juegos. Todas estas situaciones a la larga harán que no sea aquel colchón cómodo que solía ser.