¿Cada Cuánto se Debe Lavar Y Cambiar La Ropa De Cama?

La sensación de meterse a la cama después de un cambio de lencería es un auténtico placer que no pasa desapercibido, aunque te acuestes muy cansado, y ni siquiera cuando duermes profundamente porque el aroma y la textura de las sábanas limpias mejoran tu descanso y cuidan tu salud, aunque no lo notes.

Pero esa misma cama puede convertirse en un enemigo del bienestar si se descuida la frecuencia de lavado de la lencería que la cubre.




Sábanas

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Hay evidencia científica sobre la presencia de varios tipos de hongos y abundantes bacterias y virus en la ropa de cama que incrementan notablemente las posibilidades de enfermar y lidiar con afecciones respiratorias y de piel, en la mayoría de los casos.

Pasamos un tercio de nuestra vida en la cama, eso implica una sobreexposición a los millones de organismos que se instalan a vivir en ese cálido y rico espacio.

Son millones de ácaros de polvo con sus deposiciones, residuos cosméticos, químicos de lavado o fabricación y fluidos corporales que terminan yendo a la cama o la almohada. La necesidad de lavar la lencería y ropa cama es real, no una exageración de las madres o una moda pasajera.

Especialistas en salud recomiendan cambiar sábanas y fundas una vez por semana. Sin embargo, conviene evaluar si vamos a la cama después de una ducha o del gimnasio, si dormimos solos o acompañados de una o varias personas, o con mascotas, si tenemos la lencería necesaria para cambiarla oportunamente, la época del año, la protección de almohadas o colchones, etc.

Siempre depende de los hábitos y casos específicos. Hay quienes eligen regalarse cada 2 o 3 días el enorme placer de usar siempre una cama muy limpia y otros dilatan el cambio cada 2 semanas.

En cualquier caso, conviene retirar el edredón y abrir la ventana para liberar la humedad y airear la habitación; y lavar a 60º C para matar ácaros y bacterias.

Edredones y almohadas

Las almohadas son ideales para cultivar los sueños y los bichos. Mejor obviar lo que ocurre cuando no se lavan con frecuencia; y asombrosamente, mucha gente obvia este paso al higienizar su cama.

Cualquier máquina de lavar podría soportar el peso de dos almohadas sintéticas sin desnivelarse y se recomienda repetir el lavado una vez al mes.

Un protector de almohada evita la proliferación de alergenos, hongos y demás porque se pueden lavar mensualmente los forros descomprimidos del protector, y con eso bastará para que puedas lavar las almohadas cada 3 ó 4 meses. No obstante, considera reemplazarlas pasados 2 ó 3 años.

Los edredones son otro reservorio de vida microscópica que podría mudarse a los pulmones o la piel, si no se lavan con la frecuencia que requiera el caso.

Si el edredón se utiliza sobre una manta o una sábana, si es de cobertura extraíble o si tiene un uso decorativo, son variables que ayudan a definir la frecuencia particular de lavado. La mínima saludable exhorta a lavar edredones dos veces al año.

Si resulta muy pesado para la máquina de lavar, consigue una lavandería con máquinas grandes; si es de plumas u otro material delicado, solicita un lavado en seco; así liberas tu cama de olores, manchas, ácaros y otros microorganismos en un solo acto.

También recomiendan lavarlos a 60º C para lograr su desinfección y reemplazarlos cada cinco años por piezas nuevas que deben pasar por el mismo proceso de lavado antes del primer y cada uso.

El uso de protectores o fundas para los edredones también extiende la frecuencia y necesidad de lavado porque evita la contaminación de las capas más profundas y pesadas de la pieza. La única razón de aumentar la frecuencia de lavado sería un derrame o un inconveniente similar.

Ropa interior

También hay estudios que revelan que muchas personas usan la ropa interior al menos dos veces antes de lavarla; el problema es que la ropa interior usada contiene microorganismos que pueden causar infecciones del tracto urinario y de la sangre, neumonía, aftas y E. Coli.

Las posibilidades de alterar nuestra salud aumentan cuando se trata de la ropa interior debido a la cercanía que guarda con las partes íntimas del cuerpo.

Con la ropa interior es mejor no buscar alternativas ni contradecir la opinión de los expertos que han visto en sus análisis y microscopios la incidencia de los microorganismos en la salud. Sin excepción, hay que lavar cualquier prenda de lencería femenina o para hombres cada vez que se utilice.

También recomiendan lavar a temperatura media con un detergente que trabaje con oxígeno activado (AOB) o algún jabón antibacterial que ayude a higienizar profundamente las prendas más cercanas a nuestras áreas vulnerables.

Si has estado enfermo, conviene que este tipo de ropa reciba un lavado a 60º C de temperatura para evitar recaídas vinculadas con la ropa íntima contaminada.

Un cambio diario de la ropa interior, ayuda a mantener la salud en general, y particularmente el buen funcionamiento de las zonas que protegen, siempre sensibles a huéspedes nocivos y oportunistas que pueden causar serios problemas sanitarios.

Pijama

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También ha sido evaluada estadísticamente la frecuencia con que se lavan los pijamas de uso cotidiano. La mayoría de los hombres utiliza el mismo pijama por 2 semanas continuas, y hay mujeres que confiesan cambiar su pijama después de los 15 días de uso.

En ambos casos, se incrementa el riesgo de contraer ciertas bacterias, hongos o virus que aparecen en estas prendas que utilizamos como segunda piel antes de meternos en la cama o cuando estamos por casa ocupados, o con poco ánimo.

Sea como sea el caso, considera que el pijama será el primer receptor del sudor y cualquier otro fluido corporal, del desprendimiento celular de la piel y de los residuos de los productos que utilizamos para cuidarla y nutrirla.

Bacterias tan nocivas como la E Coli, pueden alojarse en el pijama y pasar al tracto urinario hasta causar severas infecciones que ponen en riesgo la salud en general.

El lavado frecuente del pijama también ayudará a preservar el estado de salud y bienestar que tanto se anhela y se trabaja en el día a día con buena alimentación, actividad física y otros cuidados personales.

Toallas

Otra de las piezas imprescindibles en el uso cotidiano son las toallas. Con ellas nos secamos después de la ducha o el baño, por eso retienen las células muertas de nuestra piel y también todos los seres microscópicos y residuos de jabón que haya quedado después del baño.

Esa capacidad de retener la humedad, y con ella todas formas de vida que allí proliferan, las convierte en los mejores vehículos para pasar las bacterias de un lugar a otro; por eso se le responsabiliza de contagiar el herpes labial y el pie de atleta, por ejemplo.

La frecuencia ideal para lavar las toallas se precisa luego de tres usos, no de 3 días. Cuando se habla de tres usos, se refiere a usarla para secar sólo 3 veces y proceder a lavarla, porque si te duchas más de una vez al día, seguramente tendrás que cambiar tu toalla casi a diario.

La idea de cambiar la toalla luego de tres usos es garantizar que no se conviertan en el medio de propagación de las bacterias, virus y hongos que se reproducen en cualquier toalla usada y expuesta a la humedad.

Usar la secadora después de lavar, ayudará a erradicar malos olores y patógenos microscópicos. También si tiene exceso de humedad después de utilizarla. De igual forma se puede proceder con las toallas de manos.

Es preciso reemplazar estas piezas una vez al año debido a que el uso continuo de cualquier toalla irá dejando olores y manchas donde fácilmente pueden reproducirse nuevas colonias de bacterias y seres nocivos para la salud humana.